“CONVERSACIONES CON FELLINI”, GIOVANNI GRAZZINI (Semana del Cine 2007 1ª EDICIÓN) (Reseña / Review #435).

Reseña actualizada. Publicada el 2 de marzo del año 2007 en Lux Atenea.

BIBLIOTECA LUX ATENEA – PASIÓN CULTURAL POR LOS LIBROS PUBLICADOS EN PAPEL

Desde el año 1999 difundiendo la cultura literaria más selecta (Clásica, Medieval, Romanticismo, Decadentismo, Simbolismo, Surrealismo, Ciencia-Ficción, Misterio y Terror, Filosofía, Poesía, Historia, Ciencia, Arte, Tecnología, Empresa…) a través de la REVISTA CULTURAL ATIS&NYD (1999 – 2002), SHADOW’s GARDEN WEBZINE, OUROBOROS WEBZINE y LUX ATENEA (desde 2006 hasta la actualidad).

CONVERSACIONES CON FELLINI - GIOVANNI GRAZZINI

Publicado por: GEDISA Editorial
ISBN: 84-7432-224-3
Edición: 2006 (EDICIÓN COMPRADA)

 

El sublime director de cine italiano Federico Fellini (1920 – 1993) fue la encarnación del eterno temor del artista a repetirse, a caer en lo repetitivo, y esa consciencia permanente para evitar repetirse fue el poderoso dragón al que se enfrentó cada uno de los días de su vida como talentoso creador. Detrás del alma máter de excelsas películas como “La Dolce Vita” (un reflejo de sus ganas de disfrutar de la belleza) o de “Amacord” (su joven pasado), se escondía una persona acostumbrada a la incertidumbre constante, y a la caducidad de los momentos y las cosas, mientras trataba de moverse en un camino intermedio situado entre lo instintivo y lo material porque a Federico Fellini, la vida lo irá alejando cada vez más del imperante racionalismo. Él mismo comprobará en sucesivos trabajos que, en realidad, había nacido para hacer películas. Curiosamente, a un artista obsesionado con ese momento mágico vivido no le atrae en absoluto la idea de conservar algo, sea lo que sea. Además, Federico Fellini es un completo irresponsable a la hora de tomar decisiones que resultan cruciales en su vida, ya sean a nivel personal o de trabajo, porque como apasionado seguidor de la obra de Kafka, suele dejar en manos del caótico orden todas esas cuestiones ya que en su interior posee una fe férrea en el instinto. Sensible a los mensajes que el reino de Maya va dejándole en su camino, se orientará en la vida y se moverá de una forma u otra, de una dirección a otra, mediante el descifrado de esas claves que sorpresivamente se le presentan, porque Fellini cree ciegamente en el destino escrito en forma de “casualidades”. Incluso a un nivel más profundo de su personalidad, fue una persona que no se sintió muy cómodo en las entrevistas. En este extraordinario libro, los bibliófilos lectores de Lux Atenea comprobarán cómo fue un fiel amante del silencio, de la observación, del sonido, de los olores, de los sentidos estimulados con finura y delicadeza que nos hacen sentir vivos. Federico Fellini se aleja del sistema, de la disciplina, del método para la consecución de unos fines, ya sean estos películas o no, porque le gusta que lo individual venza a lo colectivo y en consecuencia tiene un punto muy irónico con todo lo que le rodea. No le gusta la política. Le resulta indiferente. No le gusta el fútbol, pese a haber nacido en uno de los países con una mayor afición a nivel mundial: Italia. Tampoco le gusta la competición, la lucha, la rivalidad, esa dinámica social en la que muchos se embarcan en esta vida y la cual Fellini rechaza de forma enérgica, radical, porque ese camino lo enerva, lo incordia e incomoda. Prefiere ser amigo del humor, de la risa, de la alegría de sentir y de vivir la propia vida.

 

Este grandioso director de cine trabajó cada una de sus películas a través de la elaboración de bocetos previos a la puesta en escena. De esta manera, visualizaba la imagen y su inventiva pasaba a ser algo táctil. Al sufrir de insomnio desde muy joven, dispuso de bastante tiempo para pensar, y para dar forma y sentido a lo que creó. Curiosamente, pese al gran éxito que cosechó, a Federico Fellini nunca le gustó trabajar con estrellas de renombre, prefiriendo hacerlo con personas desconocidas por el gran público en la mayoría de sus rodajes, y, en cambio, siempre se vanaglorió de haber trabajado con los actores que verdaderamente deseaba. Y todo esto es así porque ama y siente el cine desde lo más profundo de su alma, porque ama el cine en su estado primigenio pero no es un cinéfilo. Inexorablemente, el show business del mundo del espectáculo cinematográfico no le atrae en nada y, además, incluso ver películas no es algo que le plazca, prefiriendo crearlas, rodarlas, montarlas, darles sonido, en resumidas cuentas, Federico Fellini siente el cine como algo interno que lo conmueve, no como algo externo que seguir. También cree complicada la unión del libro con la creación cinematográfica al considerar que sus tempos son distintos, incompatibles, al ser el cine por encima de todo imagen. Una imagen que el desea que hable por sí misma. Una imagen que permita introducir a los espectadores en otro mundo, en otra dimensión, en otra existencia, en una evasión absoluta de su presente, en un sueño que está ahí, delante de sus ojos. Para Federico Fellini, el cine es la expresión en manos de un personaje creíble, es esa imagen que una vez vista no se borrará de nuestra mente, es la belleza convertida en luz, color y sonido, seduciendo al espectador con la expresión y con el símbolo rodado porque esa es es la clave felliniana. Su esencia. “Conversaciones con Fellini”, siempre eterno. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

 

Félix V. Díaz

Reseña Cultural: 435 // Reseña Literaria: 63

En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

 

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