ADAMO DIMITRIADIS “CIUDAD TERMINAL” – Catálogo Oficial de la Exposición (GALERÍA DE ARTE UTOPÍA PARKWAY, 11 de enero – 8 de marzo 2019). (Reseña / Review #44)

Desde el año 1999 difundiendo la cultura literaria más selecta (Clásica, Medieval, Romanticismo, Decadentismo, Simbolismo, Surrealismo, Ciencia-Ficción, Misterio y Terror, Filosofía, Poesía, Historia, Ciencia, Arte, Tecnología, Empresa…) a través de la REVISTA CULTURAL ATIS&NYD (1999 – 2002), SHADOW’s GARDEN WEBZINE, OUROBOROS WEBZINE y LUX ATENEA (desde 2006 hasta la actualidad).

Adamo Dimitriadis - Ciudad Terminal

Quiero dar las gracias a Marta (GALERÍA DE ARTE UTOPÍA PARKWAY) por su cortesía al enviarme este promocional del catálogo oficial de la exposición.

Publicado por: GALERÍA DE ARTE UTOPÍA PARKWAY
Edición: 2018 (formato digital recibido como PROMOCIONAL)
Páginas: 28

 

“Ciudad Terminal”, el miedo moderno a la tecnología posmoderna. El genial artista madrileño Adamo Dimitriadis presentó a principios del pasado mes de enero “Ciudad Terminal”, su nueva exposición pictórica en la vanguardista GALERÍA DE ARTE UTOPÍA PARKWAY (calle Reina, 11 / Madrid, España) después de su primera y exitosa muestra “Memorias del Futuro” celebrada en esta misma galería de Arte en el año 2017. Como artista envuelto en la fascinación moderna por la tecnología, la Ciencia y el progreso, en las obras pictóricas que vertebran y dan sentido a “Ciudad Terminal” ha sabido reflejar el profundo miedo que la posmodernidad está provocando en el ciudadano moderno. Una ciudadanía moderna que, desde la década de los cincuenta, había puesto todas sus esperanzas de progreso y de bienestar social en los avances tecnológicos y en la aplicación práctica del conocimiento científico en pro de la Humanidad porque, para el ciudadano moderno, era la Ciencia y no la religión la que libraría al ser humano de sus males. Esta raíz moderna nacida en la década de los cincuenta influye en Adamo Dimitriadis a la hora de definir la estética visual que conforma cada una de las obras de esta exposición, teniendo a los inconfundibles anuncios publicitarios aparecidos en los Estados Unidos de América en aquellos años (por ejemplo, el cuadro “Titan matinal”), a las películas de Ciencia-Ficción rodadas en las décadas de los cincuenta y sesenta (obra “RS-28 Sarmat”), a las inconfundibles viñetas del cómic estadounidense de la época que generaron muchos mitos y normas éticas en el mundo moderno (cuadro “Crash”), y al magnético pop-art de fascinante colorido y vitalidad (obra “Void”), como referencias conceptuales y esencias artísticas en el estilo pictórico de Adamo Dimitriadis a la hora de definir el mensaje contenido en cada uno de sus cuadros. Incluso en la definición y en la forma de difundir el mensaje propagandístico dentro del bloque comunista en la Guerra Fría (cuadros “RS-28 Sarmat”, “MIG” y “Visiones de China”) encuentra este talentoso pintor ese fundamento que amplifique su mensaje y sus miedos a la alta tecnología posmoderna llevada al universo digital global, y que da solidez a la posmodernidad que estamos viviendo en nuestro presente. La realidad material y tangible del ciudadano moderno se está difuminando en ese nuevo mundo existente en la pantalla del smartphone y de la tablet del individuo posmoderno, y “Ciudad Terminal” también proyecta la Modernidad en su inexorable decadencia.

 

La Modernidad encontró en la Guerra Fría su sentido, tanto en el bloque comunista como en el mundo capitalista, y ha sido precisamente cuando la Guerra Fría finalizó cuando la Modernidad comenzó su imparable decadencia tras la victoria del capitalismo. En el fondo, la sociedad posmoderna no es otra cosa que el sueño mercantil del capitalismo en pro de una sociedad donde el ciudadano deja de serlo para ser un consumidor y, para ello, utiliza el marketing para definir al nuevo eje social de referencia: la persona individualista que consume y satisface sus necesidades para dar forma a sus aspiraciones y sueños en la vida. Con la Posmodernidad corroyendo incansablemente a la sociedad moderna mediante el uso del poderoso ácido del individualismo y del materialismo que la Modernidad creó y no controló, en los cuadros de “Ciudad Terminal”, los cultos lectores de Lux Atenea encontrarán reflejados esos iconos del mundo moderno, de ahí la presencia de la arquitectura industrial (por ejemplo, el cuadro “Heaven”) y de los resorts (obra “Titan matinal”) en la definición de los edificios presentes en estos cuadros. Y algunas de estas construcciones presentan estados de abandono, de decadencia, o de ruina porque el mundo moderno está desapareciendo y, aplicando la misma lógica que la Modernidad aplicó a la sociedad tradicional en su momento, la Posmodernidad actual considera a la Modernidad como algo obsoleto (cuadro “Safe”), atrasado (obra “Safe”), ruinoso (cuadro “Horizonte Desolado”), y sin espacio en las sociedades más avanzadas (obra “Fear”). Simbólicamente, el cuadro “Demolición” sería el que define más fidedignamente la inevitable obsolescencia social de la Modernidad. Pero Adamo Dimitriadis va más allá y, en el contraste simbólico omnipresente en cada cuadro, lo paradójico provoca en el espectador ese estado de intranquilidad y de inquietud al contemplar la otra cara de la tecnología y de los avances científicos que ya estaban presentes en la Modernidad. Aunque cada uno de estos cuadros destaca por su irresistible belleza cromática cuando realizamos la primera contemplación, la visión de amplios espacios abiertos nos llevará de lo bello a lo sublime porque, en estas obras, la Humanidad ha dejado de ser el protagonista principal al quedar empequeñecida ante el creciente poder tecnológico. Y es el reflejo en estos cuadros de la utilización de la tecnología más avanzada para la destrucción lo que transfigura esa belleza sublime en algo siniestro, en algo terrible y angustioso, a pesar del uso de tonalidades muy luminosas en algunas de estas obras (“RS-28 Sarmat” y “Titan matinal”). Ese miedo del ser humano a que un día pueda perder el control de este inmenso poder destructivo, adquiere tintes dramáticos y psicológicamente apocalípticos en el fundamento conceptual esencial que transmite esta exposición pictórica e intelectual.

 

Pero, el factor clave que define al virtuoso artista Adamo Dimitriadis como pintor de alma moderna es su trasfondo moral, perfilando inteligentemente ese mensaje ético en sus cuadros. El ciudadano moderno es ético y moral porque hereda ese legado de la sociedad tradicional, pero el individuo posmoderno no quiere saber nada de lo ético ni de lo moral porque solamente atiende a lo legal, a lo que las leyes dictan en la sociedad en la que vive. Por este motivo, Adamo Dimitriadis, como ciudadano moderno siente miedo, pánico incluso, ante la ausencia de ética o moral alguna que presenta lo posmoderno, y el individualismo posmoderno amplifica esos sentimientos al dejarlo aislado de los demás porque a los posmodernos no les importan nada los asuntos de los demás: solamente les importa lo suyo. Con este trasfondo, Adamo Dimitriadis perfila conceptualmente su exposición “Ciudad Terminal” como alerta de los serios y graves peligros que la alta tecnología y los avances científicos pueden traer si no se les aplica una normas éticas que controlen su tremendo poder. Los cuadros que dan cuerpo a la exposición “Ciudad Terminal” se transforman en instantáneas de la decadencia de la Modernidad en la actualidad, pero utilizando la atrayente estética de la década de los cincuenta y la vistosidad colorista del pop-art. En cada una de estas obras, el halo retrofuturista es omnipresente debido a esta talentosa fusión en un mismo cuadro de lo retro con lo más moderno y actual, siendo este contraste totalmente extremo en la obra “RS-28 Sarmat” (les recuerdo a los cultos lectores de Lux Atenea que el RS-28 Sarmat es el misil balístico intercontinental más avanzado que tiene el ejército ruso, y que entrará en servicio en el año 2020 para convertirse en el pilar principal del poder militar de la Federación de Rusia durante las próximas décadas). La presencia de lo ruso y de su alfabeto cirílico podrán observarlo en muchos de estos cuadros, advirtiéndonos Adamo Dimitriadis del creciente renacer de la Guerra Fría en esta era posmoderna, pero con la presencia de armas muchísimo más destructivas que entonces. Incluso lo ucrónico se proyecta en la exposición “Ciudad Terminal” como realidad utópica con destellos de realidad, mientras las brumas de lo apocalíptico y de lo post-apocalíptico van cubriéndolo todo. Lo social y humano frente a lo industrial y tecnológico, pero en una situación de desventaja tal que el progreso empieza a perder ese mágico influjo en las personas al ir vislumbrando su rostro más diabólico y trágico en esta era posmoderna. Una sensación de que la Humanidad está perdiendo el control de su destino mientras las máquinas van encerrando y condicionando más y más la vida del ser humano, y que tiene su más sólido fundamento en la visión de la posmodernidad (unida al universo digital) como etapa intermedia que nos lleve a la Singularidad, o sea, al dominio de las Inteligencias Artificiales en nuestra sociedad. Si en “Ciudad Terminal”, para el espíritu moderno de Adamo Dimitriadis la Posmodernidad es terrible, la Singularidad es directamente el Apocalipsis de la Humanidad si se pierde el control del poder creado por la tecnología y la Ciencia. Cuadros tan impresionantes como “RS-28 Sarmat”, “Roentgen equivalent man (REM)”, “Napalm holiday”, “Titan matinal”, o “Radium motel” así lo reflejan, y la pasividad del individuo posmoderno ante lo que se avecina ha quedado impecablemente descrito visualmente en la obra “Kocmoc” con esta persona solitaria rodeada de tecnología digital, mientras permanece centrada únicamente en la pantalla que observa. Dos mundos en un solo mundo: el mundo “real” digital y tecnológico en el que vive esta persona, y el mundo real exterior con el que apenas interactúa.

 

Como apuntes finales en este análisis del catálogo oficial de la exposición “Ciudad Terminal”, quisiera destacar varias cualidades artísticas y conceptuales de estos cuadros pintados magistralmente al óleo por Adamo Dimitriadis. Empezando por la impactante contundencia de la obra “Demolición”, la ruptura de la estética industrial es absoluta a través de lo extremo, de lo violento, porque los cambios cada vez más rápidos y constantes no pueden esperar el tiempo necesario para que la estructura deje de ser funcional. Si está obsoleta, aunque aún cumpla con sus funciones, hay que derribar esa estructura en pro del progreso porque no se rehabilita, ni se restaura: se destruye para poner en ese lugar lo nuevo. En “Demolición” les impresionará la visión de este cielo tan moderno, tan real por ese tono azul pálido mezclado con el color gris de la polución que los lectores pueden encontrar en muchas ciudades en la actualidad aunque esté el cielo despejado. Afinando un poco más el análisis de esta obra, ¿este edificio no les parece un libro? ¿Será el cuadro “Demolición” la forma de denunciar el final del libro editado en papel en pro de la edición digital? “Safe”, en cambio, es mucho más sublime y luminoso pero sin llegar a lo etéreo porque refleja la decadencia, lo ruinoso, ofreciendo un contraste absoluto entre lo industrial y la desolada deshumanización de la sociedad convertida en desierto. Se habla mucho de la jungla urbana, pero aquí no hay jungla sino desierto, o sea, soledad y nihilismo, y con la palabra “Safe” como sarcástico mensaje donde no hay vida. En clave urbana sí se presentará la obra “Torre de Silencio” con este edificio monolítico dominando desde las alturas este lúgubre panorama. Observando la densidad de su cielo, la sensación de agobio en esta atmósfera cargada es inmediata como si estuviéramos en el interior de una sauna con el aire saturado de vapor. Aquí, el silencio surge por la saturación ambiental que agobia, que aplana, que no invita a movimiento alguno, y la vida es movimiento. Y si hay un cuadro moderno por excelencia en esta exposición, éste es “Crash” con los automóviles como protagonistas de la escena. En esta obra el cielo es más natural, más nítido y claro a pesar de las nubes, siendo la visión del horizonte lo que nos haga sentir esa unión con el presente real ya que la presencia de los humos de los motores de combustión desdibuja el intenso color azul turquesa en el horizonte hasta volverlo grisáceo. El accidente de estos dos vehículos en una autopista con baja intensidad de tráfico genera la sensación inmediata del error humano que ha provocado ese choque violento… pero no hay seres humanos ni en estos dos coches ni en el interior del autocar. Posteriormente, los vientos post-apocalípticos de “Horizonte desolado” nos harán dudar y fijar más nuestra atención en este cuadro para aclarar si este edificio en ruinas está hundido bajo el agua o situado en un páramo en tierra. Por lógica, y por su tamaño, nos decantaremos por lo terrestre y la sensación de vacío será profunda, gélidamente profunda a pesar de los cálidos colores que tiene la fachada de este edificio. Minimalismo, nihilismo y deshumanización en clave moderna. Pero el reflejo pictórico de la inconsciencia humana a la hora de manejar sus armas más destructivas aparecerá simbólicamente en el cuadro “RS-28 Sarmat”, y con la presencia de este robot que me resultaba tan familiar . Investigando al respecto, resulta que Adamo Dimitriadis se inspiró en el robot que, sentado en la cornisa de la mítica atracción ‘Viaje Espacial’, observaba cuando en mi infancia visitaba el Parque de Atracciones de Madrid porque ¡¡¡‘Viaje Espacial’ era mi atracción favorita!!! Regresando al análisis de esta obra, el mensaje de “RS-28 Sarmat” es demoledor por su frialdad emocional y por su terrorífico presagio de destrucción. Art-pop y ojivas nucleares no pueden crear más que inquietud y miedo por el siniestro constraste que transmite su icónico simbolismo. Incluso el color verde de las nubes, en verde torbernita, no ayuda nada a calmarnos sobre la amenaza nuclear.

 

Nuestra sensación de peligro que se incrementará en el cuadro “Heaven”, nada etéreo, sobretodo por el intenso arrebol que muestran estas nubes en el cielo sobre un paisaje industrial donde la palabra ‘Heaven’ en azul flourescente no es precisamente muy salvífico. “Heaven” es uno de los cuadros más tétricos de esta exposición, y su siniestra sombra conceptual alcanza también a la obra “Void”, aparentemente más positivista y rosa algodón, pero este paraíso irreal y fantasioso crea precisamente eso mismo: Vacío existencial. Con un edificio que parece un mausoleo, la omnipresente chimenea industrial, y con las nubes teñidas ese tono rosa que parece reflejar un escape químico en la atmósfera por su estridente tonalidad, “Heaven” es luminosamente demoníaco. Un vacío existencial que se reforzará contemplando el cuadro “Fear”, también con tonos rosas, y cuyas sólidas líneas rectas no generan seguridad alguna por la ausencia de la presencia humana, de ahí el título de la obra. “Fear” no provoca empatía en el espectador, sino desapego, pero me encanta observar el precioso cielo nublado creado por Adamo Dimitiadis en este cuadro porque observándolo, el tiempo se para. Si tuviera mi cuenta bancaria bien cargada de dinero, no dudaría un segundo en comprar este cuadro para ponerlo en la pared del despacho donde escribo las reseñas de Lux Atenea. Contemplaría y admiraría el cuadro “Fear” eternamente. A continuación, nos adentraremos en la obra “MIG” envolviéndonos con la obscuridad del presente mientras observamos la amenaza latente, para luego sentir la soledad innata del individuo posmoderno a través de este sublime atardecer que parece el presagio del Ocaso de los Dioses, al que solamente hace falta poner la música de Richard Wagner en el ambiente para quedar hipnotizados con este augurio del colapso de nuestra civilización. El comunismo ha desaparecido, pero la Guerra Fría ha vuelto a resurgir en nuestro presente para conducirnos a una nueva carrera armamentística donde la tecnología más avanzada será la que triunfe… o la que destruya todo. Como si fuera una prolongación conceptual de “MIG”, la obra “Visiones de China” hará hincapié en el resurgir de los bloques militares teniendo como protagonista a este dragón asiático despertado en el siglo XXI. La integración visual y simbólica de la fuerza militar comunista con el capitalismo mercantilista en la definición del cartel publicitario parcialmente arrancado, refleja esta realidad actual no siempre tenida en cuenta en Occidente: China se ha unido al mercado global capitalista, pero sigue siendo una dictadura comunista. Economía (capitalista) y política de Estado (comunista) aparentemente indisolubles que, en clave china, han quedado entretejidas en una estructura nacional que ha llevado a la República Popular China hasta el segundo puesto en la lista de países con mayor producto interior bruto en el mundo (PIB). Y cuando una nación logra alcanzar esta relevancia económica, su inversión militar aumentará inexorablemente en busca de esa seguridad que garantice la perduración de su estatus y de sus intereses, y tratará de alejar las posibles amenazas que puedan aparecer en el presente y en el futuro a través del despliegue militar y/o de la potencia bélica adquirida a través de la tecnología. En este sentido, la obra “MIG” es clara e inquietantemente nítida en su mensaje.

 

Retornando a escenarios puramente tecnológicos, en el cuadro “Roentgen equivalent man (REM)”. Adamo Dimitriadis volverá a utilizar el contraste simbólico como eje metafórico del mensaje en esta obra. Las nubes de vapor saliendo de torres de refrigeración de color rosa bajo un cielo azul sin la presencia de nube alguna, unido al mensaje onírico de este cartel publicitario colgado en una de estas torres, conforman una imagen abstracta e irreal mediante esta estética propia de los comics estadounidenses de mediados del siglo XX. Lo atómico y lo onírico en “Roentgen equivalent man (REM)” no transmiten calma o quietud, sino progreso tecnológico apoyado en un nivel de seguridad muy poco realista que crea inseguridad en el espectador, como si la tecnología nuclear fuera un producto fácil de utilizar o completamente inocuo para el ser humano en caso de fallo o accidente. Y si mezclamos art-pop con el estilo publicitario estadounidense de la década de los cincuenta, el resultado no puede ser otro que la obra “Napalm holiday” donde los colores son crudos, uniformes, y sin prácticamente degradados en la tonalidades. Pero su trasfondo no es happy, sino trágico, de ahí la humareda y las intensas llamaradas provocadas por la explosión cercana a este complejo urbanístico. “Napalm holiday” es llevar la violencia y la crisis existencial de la película “Apocalypse Now” al interior de la sociedad moderna aparentemente pacífica y cordial. Dentro de ese clima de tensión, el cuadro “Titan matinal” nos ofrece más matices conceptuales basados en este claroscuro formado por el poder bélico y el bienestar social nacidos bajo el paraguas de la Modernidad Occidental, y que terminan siendo un semillero de preguntas éticas a la espera de que el agua de la incertidumbre aparezca. El despegue de un misil balístico intercontinental Titan frente a un resort donde poder descansar nos anticipa un futuro nada halagueño. Una cara nada amable de la tecnología cuando se aplica para crear armas de destrucción de gran poder. De la misma forma que el cuadro “Roentgen equivalent man (REM)” hacía foco en lo nuclear, “Radium motel” nos ofrece el mismo contraste que “Titan matinal”, pero cambiando el misil Titan por las aplicaciones de la tecnología nuclear en el mundo moderno. Este motel con un impactante cartel publicitario de trasfondo nuclear en su mensaje provoca sorpresa, posteriormente confusión, y luego desconfianza en el espectador porque no lo ve seguro, y es esta inseguridad lo que fundamenta al cuadro “Radium motel”. Finalmente, la obra “Kocmoc” clausura este impresionante catálogo de la exposición “Ciudad Terminal” ofreciendo esta fusión estética de las películas de Ciencia-Ficción de las décadas de los cincuenta y sesenta con la fascinación visual del cómic estadounidense un poco más tardío, para convertir a este cuadro en el reflejo más realista de la soledad y del individualismo que caracteriza al posmoderno en la actualidad, pero en un escenario ucrónico y retrofuturista donde la tecnología es omnipresente, al igual que sucede en la actualidad con el mundo digital de la Posmodernidad (Internet, smartphones, tablets…) de cara al ciudadano… o mejor dicho, al consumidor. Todo está en la pantalla, todo está en Internet, y la persona en su sueño de independencia, libertad e individualismo crea y define su propio mundo aunque sea de forma virtual porque allí se siente más seguro de sí mismo, y mucho más protegido de los ataques de los demás porque siempre le quedará la opción de bloquearlos, o sea, de apartarlos de su vida de forma sencilla y definitiva. “Ciudad Terminal”, cuando la pintura y la inspirada visión de Adamo Dimitriadis convierten la vanguardia artística reflejada de sus cuadros en el oráculo pictórico del futuro de la Humanidad. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

 

Félix V. Díaz
Reseña Cultural nº: 44 // Reseña Literaria nº: 20

En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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