“ESPARTA: CÓDIGO DE HONOR – MAREAS DE GUERRA” (THE RISE AND FALL OF THE SPARTANS). (Reseña / Review #122)

Reseña actualizada. Publicada en Lux Atenea el 20 de enero del año 2013.

Desde el año 2006 difundiendo pasión por el Séptimo Arte a través del análisis de las obras más selectas y de culto pertenecientes al universo cinematográfico.

ESPARTA CODIGO DE HONOR – MAREAS DE GUERRA THE RISE AND FALL OF THE SPARTANS

País: EE.UU Año: 2002
Productora: A&E TELEVISIONS NETWORK
Duración aprox.: 180 minutos
Publicado en España por: TRACK MEDIA, S.L.
AÑO: 2010 Formato: DVD (EDICIÓN COMPRADA)

 

Dirigido por John Jopson y Patrick Taulère, y con música original compuesta por Andrew R. Powell, esta edición en DVD de la serie “Esparta” publicada por Track Media, S.L. incluye sus dos episodios (“Código de Honor” y “Mareas de Guerra”) cuya temática está basada en la cultura espartana, en su sociedad y su historia. Un impresionante trabajo audiovisual que destaca sobre todo por su relevante información histórica en la cual han colaborado expertos investigadores de la categoría de Steven Pressfield (autor del libro “Puertas de fuego”), Apostolos Athanassakis (profesor de estudios helénicos, USCB), Joshia Ober (profesor de Ciencias Clásicas en la Universidad de Princeton), Victor Hanson (profesor de Ciencias Clásicas en la Universidad de California), Jennifer Roberts (profesora de Ciencias Clásicas e Historia en la Universidad de Nueva York), Paul Cartledge (profesor en la Universidad de Cambridge), Paul A. Rahe (profesor de Historia en la Universidad de Tulsa), Barry S. Strauss (Universidad de Cornell) y Donald Kagan (profesor de Ciencias Clásicas e Historia en la Universidad de Yale). Y es que hablar de Esparta es hablar de uno de los pueblos europeos más recordados en la actualidad, destacando especialmente por la orientación militar de su sociedad en busca de la hegemonía en su área. Un modelo de sociedad marcada por la austeridad y por la sobriedad en su vida cotidiana que ha convertido a la palabra “espartano” en su más fiel e imperecedero sinónimo. Una brillante civilización europea que inventó los campos de entrenamiento de reclutas, el asalto frontal, o la educación pública subvencionada por el Estado, además de resealtar el espíritu de lucha hasta la muerte para mantener su dignidad al ser una sociedad entregada en cuerpo y alma al ideal, a la entrega, a la virtud, y al desinterés en el servicio a la comunidad, a la pureza, a la armonía y al orden… valores por los que sería admirada en todas las ciudades-estado griegas de la época. Esparta estuvo plenamente definida con valores inamovibles como su independencia y su libertad como pueblo ante cualquier interferencia exterior, por su identificación absoluta con las raíces tradicionales asociadas a su territorio, y por su obsesión con el éxito militar en el campo de batalla como clave de su supervivencia. Una moral militar indestructible que, si nos remontamos al año 480 antes de Cristo con la batalla en el paso de las Termópilas donde combatieron en aplastante inferioridad numérica (7.000 soldados griegos contra decenas de miles de soldados persas), ha convertido a los trescientos espartanos dirigidos por el rey Leónidas en un mito universal. Momento imborrable y eterno en la Historia de Europa protagonizado por estos inconfundibles soldados portadores de escudos visiblemente marcados con la letra lambda, el símbolo de Esparta. Sin duda alguna, con este extraordinario DVD, los cultos lectores de Lux Atenea podrán hacer un viaje a través del tiempo para conocer la historia de Esparta al detalle desde sus inicios.

 

Esparta encuentra su origen en las tribus dorias que en el siglo XII antes de Cristo invadieron toda Grecia de norte a sur al mando del rey Lacedemón, el cual, pondría nombre a este territorio en su honor, Lacedemonia o también llamado como Laconia, y el nombre de la reina a su capital, Esparta. A partir de ese momento, Laconia iniciaría un periodo de esplendor cultural y artístico que, siglos después, sería bruscamente parado tras el estallido de las Guerras de Mesenia provocado por la gran explosión demográfica experimentada en Esparta, y que les llevaría a la conquista de más tierras para poder mantener a esta creciente población. Los mesenios eran un pueblo de origen dorio también y Mesenia era más grande y tenía más población que Esparta, pero sería finalmente conquistada, motivo por el cual, su gran población fue sometida a un régimen brutal de represión por los propios espartanos para poder controlar y explotar este inmenso y rico territorio, principalmente agrícola y con importantes yacimientos de mineral de hierro que serán clave para su supervivencia como ciudad-estado fuerte hasta convertirse en la más poderosa de Grecia. Los mesenios, rebautizados como “ilotas” por los espartanos, pasaron a convertirse en la mano de obra al servicio de Esparta, sobre todo en labores agrícolas al serles asignados tierras que debían explotar y de cuya producción tenían que dar un porcentaje importante a sus amos espartanos. Esta nueva situación provocó profundos cambios en la forma de vida espartana, llevándoles a una remodelación estatal que cambiaría totalmente el destino de sus vidas en pro de la optimización militar y de la solidaridad social. Cada espartano empezó a formar parte de una nueva comunidad donde las estrictas reglas le llevarían a asumir una creciente responsabilidad con el conjunto de la sociedad, y cuya firmeza y sacrificio tenía que ser inquebrantable. Esparta, a través de las nuevas leyes dictadas por Licurgo orientadas a la inamovible disciplina, fue poco a poco convirtiéndose en una sociedad militar donde su población viviría plenamente orientada a la guerra, siendo su eficacia lo que traería el éxito a lo largo de los siglos. El fruto de tal esfuerzo por su firme dedicación militar no tardaría en llegar, encumbrando a esta ciudad-estado gracias al prestigio y a la gloria que traerían consigo sus victorias, y al valor y al espíritu de sacrificio que caracterizaban al soldado espartano.

 

La nueva sociedad espartana, con la que pasarían a la posteridad, estaba constituida por una poderosa élite de unos diez mil hombres que se autodenominaban como homoioi, “los iguales”. Una sociedad de iguales donde su fortaleza estaba cimentada en la unidad. Por esta razón, la nueva sociedad espartana militarizada empezó a identificarse muy claramente por su carácter homogéneo que les otorgaba esa obediencia, estabilidad y orden que tanto necesitaban en su nueva situación para prosperar y salir victoriosos. En la nueva sociedad espartana, los niños eran criados para ser soldados y las niñas para ser madres en el futuro. Un nivel social por debajo de los homoioi estaban los perioikoi, “los de los alrededores”. Unas cincuenta mil personas libres sin poder político alguno, pero que eran los responsables de tener todo siempre preparado en caso de conflicto (armamento, bienes, reservas…), y dentro de esta responsabilidad que fue clave para el mantenimiento de su poderosa fuerza militar, no había lugar para manifestación artística alguna, por lo que el enriquecimiento y la evolución cultural de su sociedad se paralizó. En Esparta, todos y cada uno de los esfuerzos estaban dedicados en exclusiva para la guerra, y no para la Cultura. Finalmente, en la base principal sobre la cual se sostenía la sociedad espartana estaban unos cien mil ilotas, o sea, los antiguos mesenios, pero en Esparta, tanto perioikoi como ilotas no eran considerados como ciudadanos.

 

Basada en un sistema de gobierno monárquico, Esparta tuvo la particularidad de estar dirigida por dos reyes que gobernaban en conjunto, evitando de esta forma que un solo hombre pudiera acumular todo el poder del Estado. Y siempre estando bajo la supervisión de un consejo de ancianos mayores de sesenta años llamado Gerusia, por lo que Esparta era una gerontocracia de facto. A un nivel inferior estaba constituida la Asamblea de Ciudadanos, formada por homoioi de más de treinta años. Supervisando toda esta estructura estatal se encontraban los Éforos, con un mandato limitado a un año, y que tenían poder de decisión y de veto sobre todos ellos, incluidos los reyes. Sin duda alguna, una inteligente estructura que ofreció gran estabilidad a Esparta durante un largo periodo de tiempo. Además, su insistencia a la hora de dar igualdad a todos los espartanos, tanto en bienes, posesiones y riquezas, les llevó a dar el mismo nivel de vida a todos por igual por lo que eliminaron tanto el dinero como el comercio como fuentes de riqueza privada. El Estado espartano, con su espíritu de igualdad, incluso llegó a establecer un mismo estándar para los enseres de las casas para que nadie tuviera más que nadie. La austeridad fue la norma a todos los niveles del Estado, independientemente de la posición social. Todos los hombres entraban a formar parte de la estructura militarista del Estado a partir de los siete años con su entrada en la agogé, educación espartana, licenciándose a los veinte años para pasar posteriormente a formar parte de esta estructura militar hasta la muerte. Pero, antes de licenciarse, a los mejores se les seleccionaba para formar parte de la Criptia, organización de seguridad secreta espartana encargada de aterrorizar a la población ilota a través del asesinato. En relación a las mujeres espartanas, se les enseñaba desde muy jóvenes a ser fuertes para ser madres ya que debían traer los mejores hijos a la comunidad. En Esparta, no estaba bien visto relacionarse con extranjeros, y cuando un espartano salía al exterior, su desarraigo era absoluto.

 

Tras doscientos años de estabilidad en sus fronteras, Esparta empezó a pensar en extender su área de influencia más allá y, en el siglo VI a.C., Esparta se impondría a otras ciudades-estado como Tegea, Argos y Corinto hasta unificar todo el Peloponeso. A principios del siglo V, la amenaza persa (liderada por Darío I) sobre toda Grecia se convertiría en el origen de las Guerras Médicas, siendo el punto de partida de la expansión del área de influencia espartana en territorio heleno. Cuando Jerjes, hijo de Darío I, llegó al poder en el imperio persa, la invasión de Grecia se convirtió en una realidad y el protagonismo que Esparta adquiriría llegaría a su máxima expresión en el paso de las Termópilas con el heroico sacrificio de los trescientos espartanos del rey Leónidas (18, 19 y 20 de agosto del año 480 a.C.). Después de la victoria ateniense en la batalla naval de Salamina (septiembre del año 480 a.C.), los espartanos demostrarían en Platea (27 de agosto del año 479 a.C.) por qué eran la fuerza militar terrestre más potente de Grecia. Habiendo desaparecido el peligro persa provisionalmente, el enfrentamiento entre Atenas y Esparta se hizo inevitable debido a sus ansias de hegemonía en el mundo griego, llevándolas a crear sendas alianzas de ciudades-estado: la Confederación de Delos dirigida por Atenas y la Liga del Peloponeso liderada por Esparta.

 

Atenas alcanzaría la supremacía naval y Esparta la hegemonía terrestre, enfrentándose directamente entre ellas en el largo conflicto militar conocido como la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) que desembocaría en la victoria de Esparta y, por consiguiente, en su supremacía dentro del mundo griego, pero pagando un alto precio en cuanto al prestigio y a la invencibilidad de su ejército tras la derrota que sufrieron en Pilos (425 a.C.), donde incluso algunos soldados espartanos se rindieron a las fuerzas atenienses cayendo prisioneros. Esparta había triunfado y tenía la hegemonía, pero esa posición de dominio absoluto duraría un corto periodo de tiempo debido a la intransigencia y a la incapacidad de Esparta para integrar a las diferentes ciudades-estado griegas en un frente común. El inicio del ocaso del poder espartano había comenzado. Las revueltas y el rechazo al férreo dominio espartano se extendieron por el Egeo, incluso, entre sus tradicionales aliados, Tebas y Corinto. Pocos años después de su victoria en la Guerra del Peloponeso, la derrota de Esparta se hizo realidad a manos de los tebanos en Leuctra (año 371 a.C.) y en Mantinea (año 362 a.C.), emergiendo Tebas como nuevo poder hegemónico en Grecia. El tiempo de la superioridad militar de los hoplitas espartanos había pasado, y nuevas tácticas y estrategias dejaron totalmente obsoletas a sus fuerzas armadas. En el siglo IV, Esparta entró en decadencia, llegando a ver invadido su territorio por los tebanos, los cuales, incitaron a los ilotas (mesenios) a la sublevación contra los espartanos. Y Esparta sin Mesenia, perdería definitivamente su poder. En definitiva, en este interesante DVD los cultos lectores de Lux Atenea podrán disfrutar de ciento ochenta minutos de Historia europea convertida en una aventura audiovisual de imprescindible visualización. “Esparta”, excelente e ilustre serie sobre la ciudad-estado más fascinante e inmortal en la Historia de la Antigua Grecia. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

 

Félix V. Díaz

Reseña Cultural nº: 122 // Reseña Media nº: 10

En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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