GIUSEPPE UNGARETTI “EL DOLOR” (Semana de la Poesía 2006 1ª EDICIÓN) (Reseña / Review #418).

Reseña actualizada. Publicada el 27 de noviembre del año 2006 en Lux Atenea.

BIBLIOTECA LUX ATENEA – PASIÓN CULTURAL POR LOS LIBROS PUBLICADOS EN PAPEL

Desde el año 1999 difundiendo la cultura literaria más selecta (Clásica, Medieval, Romanticismo, Decadentismo, Simbolismo, Surrealismo, Ciencia-Ficción, Misterio y Terror, Filosofía, Poesía, Historia, Ciencia, Arte, Tecnología, Empresa…) a través de la REVISTA CULTURAL ATIS&NYD (1999 – 2002), SHADOW’s GARDEN WEBZINE, OUROBOROS WEBZINE y LUX ATENEA (desde 2006 hasta la actualidad).

GIUSEPPE UNGARETTI - EL DOLOR

Publicado por : Igitur
ISBN : 84-95142-07-4
Edición : 2000 (EDICIÓN COMPRADA)

 

Como analista cultural non-mainstream, desde hace años, unas veces el azar y otras la búsqueda constante e incansable me han ido mostrando grandiosas obras literarias italianas de un incalculable valor humano y cultural, especialmente poesías. Próximamente publicaré una reseña sobre el extraordinario libro “Diario Póstumo” del sublime poeta italiano Eugenio Montale (1896 – 1981), ya que, una vez terminada la lectura y análisis del mismo, me vino a la mente el pensamiento de escribir otra reseña literaria sobre otro gran libro de poesías: “El Dolor”. Su ilustre autor, Giuseppe Ungaretti (1888 – 1970). Su trágica fuente de inspiración: la muerte de su hijo Antonietto a la temprana edad de 9 años. Y es que la relación que encontré entre esas dos obras poéticas no es otra que la sobrecogedora visión de una muerte cercana: la de un hijo en el caso de Giuseppe Ungaretti, y la propia por parte de Eugenio Montale. Desde nuestro nacimiento, todos los seres humanos participamos en este juego irrenunciable y mortífero de la vida, ya que la Muerte está inevitablemente unida a la propia existencia de la vida. El único objetivo de este juego vital es intentar ganar el mayor número de partidas a la Muerte o, en el peor de los casos, alargar su tiempo de desarrollo en todo lo posible porque si algo encontramos con certeza en este maléfico juego de la vida, es que más tarde o más temprano la partida clave o definitiva habremos de perderla irremediablemente porque… ¡la Muerte siempre gana! Es más, desde el principio de los tiempos no se conoce a ningún ser viviente (o jugador) que haya conseguido alguna vez derrotarla de forma definitiva gracias al evanescente e ilusorio don de la inmortalidad. En el caso en particular de Giuseppe Ungaretti, observa y siente esa amarga derrota en su querido hijo.

 

Aunque esta preciosa y sobria edición del libro empieza con el poema “Todo Lo He Perdido” (1937) en memoria de su hermano, no es hasta llegar a los poemas “Día Tras Día” (1940 – 1946) y “El Tiempo Es Mudo” (1940 – 1945), donde los bibliófilos lectores de Lux Atenea encontrarán el reflejo del sufrimiento vivido por este talentoso poeta ante tan dolorosa pérdida. Durante la lectura de estos duros, impactantes, y sensibles poemas percibimos claramente cómo ese dolor profundo va haciendo acto de presencia, desgarrando físicamente a Ungaretti. Los efectos del dolor sobre su cuerpo son detalladamente descritos en sus palabras, llegando a provocar en el lector sentimientos compasivos hacia este poeta. Pero según avanzamos sobre tan trágicas palabras, comienza a fraguarse en nuestra mente la idea de una posible salida a su triste situación porque, en el fondo, analíticamente hablando, Ungaretti quiere salir de esa agónica situación. Toma consciencia de que se encuentra en situación de caída libre hacia su propia destrucción. Ve claramente su posible final, pero una chispa de vitalidad empieza a hacerlo renacer casi, desde sus propias cenizas. Giuseppe Ungaretti comienza a observar el mundo que le rodea desde una burbuja dimensionada por su dolor. El poeta, eterno observador, empieza a sentir en su interior una llama existencial nunca antes percibida y, entonces, como por efecto de una ruptura de las sutiles cadenas que lo atenazaban inconscientemente, descubriendo en esa frágil y débil llama dos leyes fundamentales en la filosofía unida a nuestra vida como humanos:

– La Muerte convive con nosotros, por más que intentemos negar su existencia.
– Desde las cenizas del fuego devorador de las terribles vivencias propias e inefables, se puede resurgir con una nueva verdad interior sobre lo que somos.

 

Inmersos en el calvario de los recuerdos, éstos nunca podrán suplantar al calor recibido en el abrazo del ser querido, cambiándose las luces de su presencia por las oscuras sombras del recuerdo. Después de la última despedida, solamente los Dioses acaparan todo su generoso resplandor porque los recuerdos nunca podrán imitar a la ruidosa y cálida actividad del ser querido, quedándonos a posteriori con el silencio como compañero y confidente. Los recuerdos no crean ilusión porque nos quedamos únicamente con la esperanza de salir de nuestra propia espiral de dolor en algún momento. De parar ese potro de torturas que vuelta tras vuelta, nos desmiembra sin compasión. El hijo desaparecido era ese luminoso bosque frondoso y florido en primavera, y los recuerdos dejan ese bosque con árboles de hoja caduca en imparable transformación para recibir al frío invierno emocional. El primogénito paralizaba con su presencia los constantes envites de la Muerte en esta vida, pero, al fallecer éste, lo que queda paralizado es el propio empuje de la vida. En los últimos poemas del libro llamados “Roma Ocupada” (1943 – 1944) y “Los Recuerdos” (1942 – 1946), Ungaretti, como no, condicionado por la muerte de su hijo, es testigo de la debacle que supone la guerra para cualquier sociedad. Ahí vemos a un poeta siendo fiel observador del desastre acontecido a su alrededor, cuestionando cada uno de los motivos que pudieran justificar semejante barbarie como si fuera un acto trascendente de Ungaretti versus Marte. No vamos mucho más allá si hacemos un símil entre ese desolador paisaje y el romo paisaje interno en donde el poeta vive. Como acto artístico final en el libro, el poema “Tierra” queda como un simbólico acto de esperanza en donde asentar el ánimo de un futuro esplendor entre las ruinas que nos invaden. Para Ungaretti, es ese mismo dolor un obstáculo hacia otra nueva perspectiva existencial en clave personal positiva, pero que, aún después de superarlo, queda afectado con el estruendo de su caída el resto de su vida. Como último apunte, no puedo evitar comentar el continuo recuerdo de una conocida frase perteneciente a una famosa canción del grupo musical Héroes del Silencio, que me vino a la mente en varias ocasiones durante la atenta lectura de este libro: “. . . y el dolor es un ensayo de la Muerte”. “El Dolor”, poesía, vida y muerte a través del drama emocional y sentimental de este genial poeta italiano. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

 

Félix V. Díaz

Reseña Cultural: 418 // Reseña Literaria: 46

En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

 

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