“HISTORIA DE LA MUERTE EN OCCIDENTE”, PHILIPPE ARIÈS (Reseña #1227).

Reseña Cultural: 1227 // Reseña Literaria: 145

Reseña actualizada. Publicada el 14 de octubre del año 2007 en Lux Atenea.

Publicado por: ACANTILADO
ISBN: 84-95359-17-0
Edición: 2000 (EDICIÓN COMPRADA)

En la sociedad occidental actual, la muerte es considerada como algo horrible. Cuando la muerte hace acto de presencia, sus efectos son demoledores, trágicos, exageradamente emotivos, provocando actitudes traumáticas a la familia del fallecido. Los mensajes sociales siempre son claros y constantes: la muerte es algo malo, la muerte es una desgracia. Y es que, en el fondo, la muerte es contraria al culto materialista que profesa la sociedad actual en esta especie de doctor Jekyll y Mister Hide cultural moderno cargado de una doble moral hipócrita donde el individuo se encuentra atrapado entre la sobrevaloración de la propia vida, y la exagerada repulsión hacia todo lo relacionado con la muerte, olvidando que, en el momento que hay vida, hay muerte porque es un todo inseparable durante toda la existencia del ser a través del tiempo. Allá donde exista el tiempo y la vida, inexorablemente existirá también la muerte. Muerte, palabra cuya pronunciación es considerada como tabú en la sociedad actual y aquellas personas que son escuchadas hablando públicamente sobre la muerte, son consideradas como personas con gustos macabros, con ideas obscuras, negativas, con mentes siniestramente peligrosas, y hay que huir de ellas ya que la muerte no puede ser un tema de conversación cuando la vida es considerada como el eje principal del individuo en su rol social consumista. Por este motivo, en la sociedad occidental se insiste que de la muerte hay que huir, y para huir de ella hay que cuidar el propio cuerpo, adorarlo, mimarlo interior y exteriormente. En la sociedad tradicional, el cuerpo de una persona pertenecía a Dios y atentar contra el cuerpo era atentar contra Dios. En la Modernidad, al alejarse de la visión religiosa del ser humano, comienza la independencia del individuo al reclamar que él es el propietario de su cuerpo, y no Dios, en un proceso que culminará en la reciente posmodernidad. En cambio, en esta nueva sociedad racionalista donde el nuevo dios es la Ciencia, el cuerpo de cada uno de los ciudadanos pertenece a los científicos, a los médicos que velarán por la salud de la persona, y nadie, salvo estos especialistas en dar vida, tiene la última palabra sobre este asunto clave durante nuestra existencia dentro de este mundo técnicamente adelantado y en constante progreso. ¿Quién se puede oponer al poder de la Ciencia si la Ciencia es vida?

Entonces, los cultos lectores de Lux Atenea se preguntarán: ¿y qué hace la sociedad occidental cuando la muerte se presenta? En ese momento se pondrá en acción una serie de engranajes técnicos preparados para convertir ese hecho en un acto lo más aséptico posible, porque la muerte es sinónimo de degradación, y la degradación material es impura, es un foco de infección que hay que controlar para evitar su extensión. Estos mismos engranajes técnicos también transformarán visualmente ese cuerpo en lo más atractivo posible porque el muerto no debe parecer muerto, sino más vivo y radiante que nunca para que sus familiares y amigos lo recuerden así. Además, se ha de convertir ese acto en una ceremonia lo más honorable posible, celebrándose en un recinto apartado donde dar el último adiós a un cuerpo que ha sido tratado científicamente para eliminar visualmente cualquier signo característico de la muerte. Luego, será enterrado siguiendo un protocolo ya preestablecido, o mucho mejor si es incinerado porque será la forma políticamente más correcta de despedirse de sus seres queridos al evitarles futuros cultos funerarios relacionados con esa muerte socialmente indeseada. Eso sí, emocionalmente, estos momentos han de ser lo más gélidos e impersonales posibles, y las muestras de dolor y pena por parte de sus familiares y amigos no serán socialmente aceptables una vez haya transcurrido ese periodo post-mortem científicamente estudiado para que esa muerte sea ya definitivamente cosa del pasado. Si esos sentimientos de dolor y lamento siguieran existiendo en el tiempo, la sociedad considera que han de pertenecer al ámbito personal, individual, y privado porque reflejar sentimientos relacionados con la muerte en esta sociedad amante de la vida es lo más políticamente incorrecto. De por sí, esta sociedad ya le ha ofrecido todo tipo de ayudas y de mecanismos técnicos para hacer que ese recuerdo se haya convertido en un acto benévolo y positivo, y si ese acto ha sido positivo, por qué ha de mostrarse negativo en su vida social, o sea, por qué tiene que sacar un tema tan aciago como la muerte a escena. Incluso, si necesita un psicólogo a posteriori, también esta sociedad occidental que vela por su felicidad ha pensado en ello, ofreciendo unos servicios médicos científicamente eficaces para eliminar esa negatividad interior que lo puede alejar del disfrute de esta vida plena y feliz.

Con este interesante trasfondo sociológico, “Historia de la muerte en Occidente” es un libro que informará detalladamente a los bibliófilos lectores de Lux Atenea sobre cómo ha ido evolucionando la actitud social ante la aparición de la muerte desde la Edad Media hasta nuestros días. Comprenderán cómo hemos pasado socialmente de la separación de los muertos de los vivos, y de la demarcación del territorio de los muertos respecto al de los vivos, a la integración del cementerio dentro del recinto religioso, un recinto religioso situado dentro del propio territorio de los vivos. Y de cómo la insostenibilidad de ese sistema va a llevar a la sociedad occidental, primero, a alejar de nuevo el cementerio del mundo de los vivos y, posteriormente, por falta de espacio y por su coste económico, incluso a ser considerado socialmente buena la eliminación física del cuerpo del difunto por sistema. Todo esto ha sido muy bien explicado y documentado por el autor de esta obra, y sin olvidar en absoluto el factor religioso, espiritual, sentimental, y emocional del ciudadano dentro de esta misma sociedad. Leyendo este libro, sabrán por qué en todo acto funerario actual se han establecido así las cosas, por qué se actua así, de esta forma, de esta manera cuando la muerte se presenta dentro de nuestro entorno. Pero, sobre todo, esta obra les hará pensar sobre si este camino científicamente probado es el mejor posible, humanamente hablando, porque si no es así, ¿hacia dónde nos dirigimos como sociedad? Porque los efectos que está teniendo la inexorable presencia de la muerte en los ciudadanos dentro de esta sociedad jamás ha sido tan traumática, y tan insensible emocionalmente. ¿Está la Ciencia y la Razón capacitadas para ofrecer respuestas psicológicamente preparadas para la mente humana? Esta pregunta queda en el aire. Mientras lo analizan, mientras piensan sobre ello, les recomiendo esta lectura. “Historia de la muerte en Occidente”, extraordinario libro que nos habla sobre esa muerte políticamente incorrecta en la nueva sociedad occidental. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

Félix V. Díaz
En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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