“CALÍGULA”, DANIEL NONY (Reseña #1309).

Reseña Cultural: 1309 // Reseña Literaria: 183

Reseña actualizada. Publicada el 23 de abril del año 2006 en Lux Atenea.

Publicado por: EDITORIAL EDAF, S.A.
ISBN: 84-7640-405-0
Edición: 1990 (EDICIÓN COMPRADA)
Páginas: 335

Desde siempre, la figura histórica del emperador Calígula me ha venido fascinando, tal vez, influido inconscientemente tras la contemplación de la sublime interpretación realizada por el actor John Hurt en el papel de Calígula en la mítica serie de televisión “Yo, Claudio”. Además, en el año 1994, en el Teatro Bellas Artes de Madrid, también tuve ocasión de presenciar la impresionante obra “Calígula” del genial escritor francés Albert Camus (1913-1960) en una impactante representación teatral protagonizada por el excelso actor Luis Merlo en el papel de Calígula, y cuyo sobrecogedor final nos dejó a todos en un silencio sepulcral durante un largo periodo de tiempo antes de estallar en aplausos. La figura de Calígula siempre despierta atracción y emociones intensas. Dentro de los libros que he leído y analizado sobre este controvertido emperador romano, “Calígula” de Daniel Nony es una de las obras mejor documentadas. En sus páginas, los bibliófilos lectores de Lux Atenea podrán informarse al detalle sobre su vida y hechos. A lo largo de siglos, el emperador romano Calígula (Anzio, 31 de agosto del año 12 – Roma, 24 de enero del año 41) ha atraído la atención de muchas generaciones de artistas debido a su carácter indómito e incontrolable, tan característico en un ser humano que tuvo en vida todo lo que deseó sin límites éticos y morales que lo condicionaran (o sosegaran), y cuyo colosal Ego en permanente expansión llegó a hacerle creer que era un auténtico dios sobre la Tierra. Un ser humano que, debido a las especiales circunstancias en las cuales viviría y que marcarían crucialmente su destino de cara al mundo que le rodeaba, lograría alcanzar la cúspide del Estado romano hasta gobernar el más potente imperio de la época con un poder absoluto. En tan privilegiada posición, Calígula acabaría situándose más allá del Bien y del Mal, y pese a sus gloriosos momentos de aclamación y de reconocimiento popular durante sus dos primeros años de gobierno, su última etapa de trágico y sangriento desenlace es lo que finalmente ha quedado remarcado como uno de los reinados más siniestros de la Historia. Un emperador cuyo asesinato fue deseado por la gran mayoría de sus súbditos y, por supuesto, jamás deseado por los miembros de su fiel guardia pretoriana (de origen germano) que verdaderamente le consideraban un dios sin ningún género de duda.

Calígula, “botita” (apodo con el cual le bautizaron las legiones romanas al mando de su padre Germánico), en realidad se llamaba Cayo Julio César Germánico. Tras la muerte de Tiberio (42 a.C. – 37 d.C.), Calígula fue nombrado emperador, heredando todo su poder y unas arcas estatales repletas que no tardaría en hacer uso. Durante los dos siguientes años, Roma pasaría de una economía estrangulada por Tiberio hasta llevar a retornar a un sistema de trueque ante la falta de dinero en el mercado, a otra con Calígula donde el dinero inundaría el mercado, creando un periodo de expansión económica jamás conocida hasta entonces. Durante los dos primeros años, la ciudadanía romana conocería los dos periodos festivos más prolongados de su historia durante los cuales, los ciudadanos romanos pudieron disfrutar de pan, espectáculos, y circo pagados íntegramente por el Estado. La ciudad de Roma fue casi una fiesta constante donde la diversión, las representaciones teatrales, y la asistencia a colosales juegos en el Gran Circo, estuvieron costeadas por un emperador visto como el símbolo de una nueva y floreciente Edad de Oro. Pero cuando las arcas del Estado se agotaron y los deseos de Calígula debían de ser realizados a cualquier precio, los ciudadanos romanos, independientemente de su posición social, vieron cómo su destino había quedado en manos de un emperador como Calígula que únicamente veía al Imperio y a los ciudadanos de Roma como súbditos cuya obligación era ofrecérselo todo, e incluso sus vidas, si así se lo pidiera.

Como emperador, Calígula estuvo dirigiendo al Imperio Romano durante un periodo relativamente corto de tiempo ya que no llegó a cumplir los cuatro años de gobierno. Una época tan siniestra y tan dramáticamente intensa que los sufrimientos provocados por sus órdenes y desvaríos afectaron a toda la sociedad romana de la época, quedando su recuerdo histórico grabado con sangre. Tras su muerte, y siguiendo la tradición, los romanos trataron de llevar el recuerdo y la memoria del emperador Calígula al olvido, eliminando cualquier referencia a su persona. Tanto las monedas con su efigie, como las estatuas erigidas en su honor o los registros sobre su persona, fueron destruidos para no dejar rastro alguno de su existencia. Además, sus familiares directos fueron asesinados junto a los principales colaboradores y seguidores que lo apoyaron durante su gobierno. En definitiva, el emperador Calígula, que tantas esperanzas despertó en el pueblo romano y tantos esplendores prometía su liderazgo al mando del Imperio, finalmente terminó dejando como legado uno de los periodos más sangrientos en la gloriosa Historia de Roma, y un Estado con una ruina económica absoluta que tardaría tiempo en ver de nuevo restablecido su vigor comercial para el desarrollo del Imperio. Si los cultos lectores de Lux Atenea desean conocer todos los detalles de su interesante y corta vida, nada mejor que recomendar el análisis de las magníficas páginas de este libro. “Calígula”, la biografía de un ser humano que llegó a endiosarse hasta convertirse en uno de los líderes más deplorables de toda la Historia. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

Félix V. Díaz
En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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