Reseña Cultural: 2007 // Reseña Literaria: 497
Reseña actualizada. Publicada el 3 de septiembre del año 2008 en Lux Atenea.
Información Muy Importante / Very Important Information:
Esta reseña ha sido escrita por un ser humano, no por una Inteligencia Artificial / This review is a human writing, not an Artificial Intelligence writing
Publicado por: EDICIONES HIPERIÓN
ISBN: 84-7517-319-5
Edición: 1997 (EDICIÓN COMPRADA)

“Él camina cargado de dolores
por senderos donde no hay amigos.”
¿Qué es Europa partiendo de sus raíces? Fundamentalmente revolución, inconformismo, e individualismo, y este espíritu manifiestamente europeo posee al incomparable e insustituible poeta del Romanticismo Friedrich Hölderlin (1770-1843) durante la época en la cual escribió “Los Himnos de Tubinga”. En vista al desangelado presente que le tocó vivir, Friedrich Hölderlin concibió esta obra como la semilla que daría sus frutos en la fértil mente del futuro Elegido de los Dioses sobre la tierra. Inexorablemente, el jugo de esos frutos debería traer consigo el conflicto con la sociedad estancada por el entumecimiento ético y la esclavitud moral. De esta forma, sus palabras incitan a la rebeldía desde la pureza vital del corazón, pero sin confundir esa rebeldía con el libertinaje o la satisfacción caprichosa del Ego humano. Como los bibliófilos lectores de Lux Atenea podrán comprobar en esta obra, para Friedrich Hölderlin, la auténtica rebeldía es una clarividente fuerza proveniente del instinto interior del individuo. Como máxima figura dentro del ideal romántico, Friedrich Hölderlin escribe “Los Himnos de Tubinga” plenamente convencido de la implantación de su mensaje en Europa, y en un futuro que ve y siente como algo muy cercano. Cree con absoluta certeza en la victoria de estos ideales porque se encuentran fijados en perfecta armonía con lo bello, con la esencia de lo divino, con los pilares fundamentales del destino universal del propio ser humano. A través de “Los Himnos de Tubinga” nos habla sobre qué razones han de mover el carro del triunfo europeo para que su mensaje pueda sentirlo cualquier ser humano desde dentro, desde la profundidad insondable de su interior. ¿Sus pensamientos son tan solo un ideal o una utopía? ¿O un sueño alejado del mundo real? Tal vez sea así, pero Friedrich Hölderlin los considera algo irrenunciable en el ser humano, en esa ineludible lucha para el establecimiento de una sociedad donde cada ciudadano tenga por derecho propio el estatus de hombre libre.

“Eternamente, como las llamas de las Vestales,
ardían coraje y amor en todos los corazones.”
Es posible que “Los Himnos de Tubinga” sean una quimera, un estado ideal del pensamiento europeo, una lucha por crear una sociedad en la cual la virtud sea el pilar principal sobre el cual se sostenga. Algo tiene muy claro Friedrich Hölderlin. Para que a nivel social se puedan establecer estos nobles principios, el Elegido de los Dioses necesita alzarse con la victoria para, a continuación, actuar como un catalizador que transforme la civilización europea en una embajada del Olimpo sobre la tierra. Este personaje de tintes mitológicos tiene un nombre, Hiperión, y Friedrich Hölderlin lo perfila y da forma de manera precisa y milimétrica, conceptualmente hablando. Por este motivo, el sentido de “Los Himnos de Tubinga” es el de aleccionar y marcar cómo y qué debe llevar a cabo Hiperión para alcanzar con éxito su privilegiado destino en el futuro de Europa. Sin duda alguna, cree en la complicidad irracional que une a los seres humanos amantes de la libertad. Una poderosa fuerza que potencia el impulso de sus acciones. Gracias a su lucha por la libertad, el ser humano logra estar orgulloso de su dignidad cuando ésta es alcanzada, ganada. Los Dioses son, sobre todo, libres, y el ideal que observamos en las palabras de Friedrich Hölderlin posee esa luz proveniente del infinito porque este poeta siente desde dentro con absoluta honestidad, la presencia de lo divino en la propia vida.

“Nunca se somete, engañada por la arrogancia,
el alma libre a la sombría locura.”
Como los cultos lectores de Lux Atenea podrán sentir, Friedrich Hölderlin siente un profundo respeto por el poder de la Madre Naturaleza. Un poder que el ser humano ha de sentir como una parte importante de su vida, aunque a veces pueda llegar a parecerle inhumano, trágico, y cruel. El ser humano vive en el hogar de la Madre Naturaleza, pero su sentido existencial se encuentra en el jardín mientas camina hacia la puerta que le permita entrar en el mundo de los Dioses. Sabe con certeza que para poder cruzar esa puerta, antes debe renovar su espíritu de forma radical. Sin esa transformación interior, nunca le permitirán abrir esa puerta. De por si, cuando se habla de Friedrich Hölderlin estamos haciendo mención a un grandioso genio de la literatura del Romanticismo, cuya cultura e inteligencia le permitió ver desde la lejanía, la imagen del numinoso Olimpo. La Cultura, ese factor fundido inexorablemente al sentimiento de libertad humana. Ese pedregoso sendero que ha de pisar aquel individuo que desee sentir lo sublime desde su propia alma. La Cultura, ese inacabado libro que los seres humanos llevan escribiendo desde que el mundo es mundo para poder encontrar y comprender la razón de su existencia, de la vida, y del propio tiempo. “Los Himnos de Tubinga”, la necesaria renovación metafísica de la existencia humana. ¡¡¡Disfrútenlo!!!
“Que el placer del triunfo de la virtud purifique
mi pecho de las mezquinas alegrías.”

Félix V. Díaz
En Lux Atenea solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.
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